Más de 25 años buscando mejores respuestas para quienes confían en mi trabajo.
Acompañar a una persona en psicoterapia implica mucho más que escuchar sus dificultades. Significa intentar comprender qué está ocurriendo, qué ha llevado a esa situación, qué factores la mantienen y qué puede ayudar realmente a producir un cambio.

Una trayectoria construida alrededor de una pregunta
A lo largo de más de 25 años de experiencia clínica he aprendido que la experiencia profesional no consiste solamente en acumular años de práctica. También significa seguir preguntándose qué puede hacerse mejor cuando una persona continúa sufriendo.
En mi trabajo he conocido personas que llegaban a consulta después de haber intentado diferentes maneras de sentirse mejor. Algunas llevaban meses o años luchando con la ansiedad, pensamientos que no podían detener, relaciones que se repetían de manera dolorosa, tristeza, inseguridad o experiencias del pasado que parecían seguir influyendo en su vida.
En esos casos, una de las preguntas que más me ha acompañado es sencilla, pero fundamental: ¿qué estamos pasando por alto?
Mi propósito como terapeuta no es ofrecer una colección de consejos generales. Es comprender la situación particular de cada persona y utilizar la formación y experiencia disponibles para construir un tratamiento que tenga sentido para ella.
Por eso mi trayectoria también ha sido una trayectoria de aprendizaje continuo. A medida que la investigación psicológica y neurocientífica ha avanzado, también ha cambiado nuestra comprensión de procesos como la ansiedad, la regulación emocional, el trauma, las relaciones y las consecuencias de experiencias adversas.
La experiencia clínica me enseñó algo que considero esencial: los buenos deseos no sustituyen la preparación profesional.
Cuando algunas personas no mejoraban como esperaba, decidí seguir buscando.
Durante mis primeros años de formación profesional trabajé con los modelos psicológicos y diagnósticos que constituían la base de la práctica clínica de aquella época. Mi formación estuvo influida tanto por autores clásicos de la psicología y la psicoterapia como por el desarrollo de modelos cognitivos, conductuales y clínicos que posteriormente continuaron evolucionando.
Con el paso de los años fui observando algo que despertó especialmente mi interés: había personas que comprendían racionalmente lo que les ocurría, tenían deseos genuinos de cambiar y, sin embargo, determinadas respuestas emocionales, corporales o relacionales parecían mantenerse.
En algunos casos, las experiencias difíciles del pasado seguían apareciendo en el presente de formas que la persona no siempre podía explicar. Una situación actual podía activar miedo, vergüenza, necesidad de control, hipervigilancia, evitación o una reacción emocional aparentemente desproporcionada.
Comprender el trauma se convirtió entonces en una parte importante de mi formación y de mi práctica clínica. Mi acercamiento a este campo me llevó a estudiar investigaciones y modelos desarrollados por diferentes autores, entre ellos Bessel van der Kolk y Peter Levine, además de continuar explorando otros desarrollos contemporáneos relacionados con trauma, memoria, estrés y regulación emocional.
Esta búsqueda no nació de una etiqueta ni de una moda terapéutica. Nació de una preocupación clínica concreta: quería comprender mejor a las personas que confiaban en mí y encontrar formas más responsables de ayudarlas.
Formación, experiencia y actualización permanente
Mi formación profesional incluye psicología clínica, estudios de posgrado y especialización en áreas relacionadas con la psicoterapia individual, psicoterapia breve, trauma y terapia de pareja. Soy magíster en Psicología Clínica y especialista en terapia de pareja.
También he realizado formación y entrenamiento profesional en Estados Unidos, país en el que continúo buscando oportunidades de actualización. Considero que mantenerse al día no es un elemento accesorio de la práctica clínica: forma parte de la responsabilidad de ejercer una profesión que trabaja directamente con el bienestar de las personas.
A lo largo de mi trayectoria he tenido además la oportunidad de acompañar a personas que desarrollan actividades de alta exigencia, entre ellas deportistas de alto rendimiento y personal de fuerzas especiales. Estos contextos han permitido profundizar en aspectos como regulación emocional, adaptación a situaciones de presión, desempeño y afrontamiento de experiencias complejas.
Esta diversidad de experiencias no significa que exista una fórmula única. Por el contrario, ha reforzado mi convicción de que cada proceso debe comenzar por comprender a la persona concreta que tengo delante.
Primero comprender. Después intervenir.
Cada persona tiene una historia diferente. Por eso considero fundamental realizar una evaluación cuidadosa antes de decidir cómo intervenir.
Busco comprender el motivo de consulta, la evolución del problema, los factores que pueden estar contribuyendo a mantenerlo, las experiencias significativas de la persona, sus relaciones y los recursos que ya posee.
A partir de esa comprensión se pueden establecer objetivos terapéuticos y seleccionar las estrategias que resulten más pertinentes para el caso.
Comprender tu situación
Exploramos qué estás viviendo y cómo está afectando tu vida.
Identificar lo que mantiene el problema
Reconocemos patrones, pensamientos, emociones, conductas y relaciones relevantes.
Definir objetivos
Establecemos qué cambios son importantes para ti y cómo podemos observarlos.
Diseñar el tratamiento
Seleccionamos y adaptamos las intervenciones de acuerdo con tus necesidades.
No busco que dependas de la terapia durante años.
Uno de mis objetivos es que la persona pueda desarrollar recursos que le permitan comprender mejor lo que le ocurre y afrontar su vida con mayor autonomía.
Esto no significa prometer una duración determinada del tratamiento. La evolución de una psicoterapia depende del motivo de consulta, la complejidad de la situación, los objetivos, las características individuales y muchos otros factores.
Por eso prefiero trabajar con una dirección clara: establecer objetivos, evaluar el proceso y ajustar la intervención cuando sea necesario.
La experiencia clínica no consiste en prometer cuánto tardará una persona en cambiar, sino en comprometerse seriamente con el proceso y utilizar responsablemente el conocimiento disponible para ayudarla.
Quizás te reconozcas en alguna de estas experiencias
“No puedo dejar de pensar.”
“Mi cabeza no se apaga.”
“Siento que algo negativo va a pasar.”
“No disfruto porque siempre estoy esperando el siguiente problema.”
“Nunca soy suficiente.”
“Me cuesta pedir ayuda.”
“Siempre termino en relaciones parecidas.”
“Necesito que me respondan rápido para sentirme tranquilo.”
“No sé decir que no.”
“Sé que ya pasó, pero todavía me afecta.”
Estas experiencias pueden tener diferentes explicaciones y no permiten por sí solas establecer un diagnóstico. Pero cuando generan sufrimiento o comienzan a limitar la vida, pueden ser una razón válida para buscar una evaluación profesional.
Una atención ética, cercana y profesional.
Creo que una persona que busca ayuda psicológica merece ser escuchada sin ser reducida a una etiqueta, comprendida dentro de su contexto y acompañada con respeto.
Mi compromiso es ofrecer un espacio profesional y confidencial en el que podamos trabajar con objetivos claros, sin perder de vista la complejidad de la experiencia humana.
También considero importante reconocer los límites de la psicoterapia y derivar o complementar la atención con otros profesionales cuando la situación lo requiere.
Trabajo con un número limitado de pacientes para favorecer un seguimiento personalizado y mantener la calidad de la atención.
Después de más de 25 años de práctica, continúo considerando que cada persona que llega a consulta tiene algo nuevo que enseñar al terapeuta. Esa actitud de aprendizaje es parte de la manera en que entiendo mi profesión.
Mi deseo es seguir aprendiendo, seguir mejorando y poner esa experiencia al servicio de quienes deciden iniciar un proceso de cambio.
Si algo de lo que has leído se parece a lo que estás viviendo, podemos comenzar por comprenderlo.
Buscar ayuda psicológica es una decisión importante. Una primera conversación puede permitirte conocer tu situación con mayor claridad y explorar si este proceso es adecuado para ti.
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